Asociación de Amigos de los Espacios Históricos de Abánades

Asociación de Amigos de los Espacios Históricos de Abánades - Museo Histórico, C/ Puente de las Eras, Nº 5, 19432 Abánades (Guadalajara) España.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Escuela, Fragua, Museo

Museo Histórico Municipal de Abánades (Antiguas Escuelas, Siglo XIX)

Las cosas cambian, los lugares continúan
La escuela, además de muchas otras cosas, representa el saber abstracto, es aquí donde aprendemos el lenguaje tanto el gramatical como el matemático, el lenguaje hablado lo aprendemos de una manera natural desde los primeros años de nuestra existencia. En la escuela nos enseñan a leer, escribir y el lenguaje de los números, esto es genuinamente humano, con estas herramientas nos proyectamos infinidad de posibilidades.
Aquí, en este lugar, pasé los primeros años de la década de los sesenta, vagos recuerdos me llevan a aquellos inviernos fríos donde cada alumno tenía que portar un ceporro, pedazo de madera leñosa para mantener la estufa. Encima de la estufa cocía una olla grande con agua para preparar la leche en polvo donada por los americanos, eran tiempos de escasez pero también de alegría, los niños siempre juegan. Podía alargar mis recuerdos durante horas pero sólo quiero señalar el lugar.
Junto a la escuela se encontraba la fragua, una casucha baja y destartalada que contrastaba con la escuela, más alta y con sus esquinas de piedra labrada y también en las ventanas. Hemos hablado de un saber teórico especulativo de la escuela para pasar a una transformación de las cosas. Mediante el fuego, el herrero golpea el hierro en el yunque proyectando y llevando a cabo toda clase de utensilios, tanto para el hogar como para las labores del campo, esto era el mundo de los adultos, el mundo del trabajo. Remontándonos a aquellos años sesenta, las mulas eran lo más valioso de la casa, no había maquinaria agrícola, aquí la tecnología llegó tarde, por tanto el cuidado de los animales era algo fundamental y el herrarlos era imprescindible. Unos hermanos del vecino pueblo de Renales se ocupaban de estas labores, venían dos o tres veces por semana. Recuerdo a los dos hermanos, Vitoriano y Gregorio, cómo ponían las herraduras una vez cortadas y alisadas las partes duras de los cascos de las caballerías, con unos clavos llamados tachuelas.
A partir de la década de los setenta, poco a poco se fue despoblando la comarca, la escuela terminarían cerrándola por falta de niños y con la llegada de los primeros tractores las mulas poco a poco fueron despareciendo. Como consecuencia, cerraron la fragua.
 Antonio Gutiérrez Layna

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